Tranvía Histórico

Todos a bordo! Un paseo en el antiguo tranvía

En el cruce de calles Emilio Mire y José Bonifacio, en el barrio porteño de Caballito, es común ver formarse una larga fila de chicos y grandes los fines de semana. Entre un helado y otro, estos abuelos con sus nietos esperan impacientes en la vereda, estirando el cuello para ver al fondo de la calle el viejo tranvía, este mágico transporte histórico que solo funciona los sábados, domingos y feriados en forma gratuita.

Es verdad, no somos chicos, y nosotros todavía no somos abuelos – pero nosotros nos sumamos a ese paseo pintoresco. Y allí fuimos a hacer el tour en un día de verano de principios de enero.

Tranvía histórico: un viaje en el tiempo por las calles de Caballito

Hasta 1962 circulaba por las calles de la ciudad, un medio de trasporte que casi no se ve más. Cuando el 14 de julio de 1863 fue inaugurada la primera línea de Argentina, que comunicaba la estación de Retiro a la Plaza de Mayo, los tranvías funcionaban por tracción a caballos, después pasaron a la energía eléctrica, hasta que en la década de 1960 se decidió que este medio era antiguo y no había más espacio para él entre tantos colectivos, trenes y automóviles.

Los primeros tranvías eran tirados por caballos

 

Los últimos circularon hasta Diciembre de 1962

 

Pero un grupo de abuelos algo lunáticos y apasionados por los tranvías no eligieron esa historia. Poco tiempo después, se unieron para crear la Asociación de Amigos del Tranvía, hicieron una vaquita y consiguieron comprar dos vagones, cada uno valía 7 mil dólares, rehabilitándolos de vuelta a las calles ya en el inicio de los años 1980 como atracción recreativa.

Todo el trabajo de recuperación de los vehículos fue hecho a pulmón, por los propios miembros de la asociación. Rápidamente, el esfuerzo de estos simpáticos y nostálgicos señores fue ganando el corazón de la comunidad, unas monjas polacas donaron un vagón mas, una empresa de Bruselas donó otro, y actualmente la AAT cuenta con una flota de colección de cinco vagones recuperados, estacionados en un galpón en Caballito. El local solo puede ser visitado una vez al año, durante la Noche de los Museos, en octubre.

En algún momento del viaje pienso en los versos de Veinte poemas para ser leídos en el tranvía, libro de 1922 escrito por Olivero Girondo:

“El ruido de los automóviles deshace las hojas de los árboles. En un quinto piso, alguien se crucifica al abrir de par en par una ventana. Pienso donde guardar los quioscos, los semáforos, los transeúntes que me entran por las pupilas. Tan lleno me siento que tengo miedo de reventar. Debería dejar algún lastre en la acera. Al llegar a la esquina, mi sombra se separa de mí y, de repente, se dispara entre las ruedas de un tranvía…”

“Anglo”, el modelo al que nos subimos.

 

Es una joya que aún conserva su esplendor

El tranvía es conducido por un maquinista uniformado y todos los pasajeros reciben un boleto impreso, picado como antiguamente- por más que sea solo un gesto simbólico, ya que el pasaje es gratis. Los miembros de la asociación trabajan allí como voluntarios. Para ayudar en el mantenimiento de este proyecto tan lindo, compramos un calendario con foros y historias de los tranvías porteños. El trayecto se extiende unas 15 cuadras y dura pocos minutos, pero como aparentemente como vieron nuestro entusiasmo nos dejaron dar una vuelta más, Esooo!

El recorrido, a pesar de ser corto, es un viaje en el tiempo.

A %d blogueros les gusta esto: